Blue Flower

castillo lachar.2017

Fotos de 1970 y del año 2017

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

La última cacería del rey Alfonso XIII en Láchar

rey lacharSe trata de una leyenda mitad realidad mitad ficción que acaecío en un frío mes de enero de 1917 en Láchar. El teniente de infantería Rogelio Monte-Angulo andaba sobre suis pasos una y otra vez en Íllora intentando olvidarse del intenso frío del mes de enero que hacía la espera más penosa. Las órdenes recibidas del agregado naval del rey eran bien claras: "Espere usted al enviado especial del Kaiser, Guillermo II. No necesito recordarle que la discreción es fundamental". Todo se estaba llevando con el máximo sigilo y discreción.

El rey Alfonso XIII había llegado tres días antes a Láchar y se alojaba en el castillo de su buen amigo el Duque de San Pedro de Galatino con la excusa de asistir a una cacería, ya que el monarca era muy aficionado a este tipo de prácticas. Pero detrás de aquel encuentro palaciego en la villa de Láchar se escondía un secreto de estado, una importante entrevista con el enviado especial del Kaiser Guillermo II, con el rey Alfonso XIII. La llegada del enviado especial a la estación de Íllora bajo la apariencia de un hombre de negocios despertó poco interés en los transeuntes de la estación y desde allí subió a un vagón especial propiedad del propio Duque de Galatino, enlace ferroviario quye unía Íllora con Láchar, feudo indiscutible del Duque, hombre visionario y de una inteligencia poco común, artífice de este encuentro entre una Alemania en guerra con toda Europa y una España neutral, que se llevó a cabo a pesar de que el primer ministro del Gobierno español, el Conde de Romanones, había hecho todo lo posible para que esa reunión no se llevara a cabo, poniendo en marcha un aparato de espionaje preciso y secreto. eran las tres menos cuarto cuando hizo la entrada al castillo de Láchar el enviado del Kaiser, que se hizo por una de las puertas del servicio para no levantar sospechas entre los invitados, pues al rey le acompañaba el conde de Viana, el de Maceda, el duque de Arión y el famoso pintor Joaquín Sorolla. La habitación que le fue asignada para el encuentro estaba en el ala sur del castillo y una vez acomodado el representante de Alemania, le dieron órdenes al teniente Rogelio para que no entrara ni saliera nadie de aquella habitación. Durante la jornada, el rey estuvo cazando en las fincas llamadas las Capitanas y Cañada Moreno, después hubo un almuerzo en la fuente de las Chozas y ya avanzada la tarde se trasladó al castillo de Láchar donde le esperaba el enviado especial alemán. El encuentro se iba a celebrar en una habitación alejada del resto y el teniente Rogelio preparó todo el dispositivo de seguridad, para que no fueran molestados los anfitriones y su invitado. La puntualidad del enviado especial al llegar a la reunión quedó de manifiesto y allí estaba esperando junto al agregado naval del rey, el cual le comunicó que en breve el monarca llegaría a la estancia y comenzarían las negociaciones. El rey, como todo el mundo sabe, nunca llega tarde a sus citas porque cuando esto ocurre son los otros los que se adelanta y en esta ocasión la espera se alargó por el espacio de veinte minutos, cuestión que al enviado berlinés no le hizo mucha gracia, aunque lo asumió sin exteriorizar molestia alguna ya que el encargo era vital para Alemania. Cuando al fin llegó el rey la puerta de la habitación se cerró a calo y canto con los negociadores dentro, dejando a dos miembros de la guardia real en las puertas con la orden tajante de no abrir aquella estancia hasta que el teniente Rogelio lo hiciera desde dentro, quedándose é en el interior de la habitación. Lo que allí se habló sólo lo conocen los que estuvieron dentro del recinto secreto y también el primer ministro, pero días después las consecuencias de este encuentro dieron lugar a un escándalo político en las Cortes, en las que el rey fue acusadoo de intentar romper la neutralidad española en el conflicto internacional. El primer ministro, el Conde de Romanones, instó incluso al rey para que no acudiese más a las cacerías de Láchar. Seguramente el conde de Romanones tendría los datos facilitados por alguien que estuvo en la reunión, por lo que su red de espías funcionoó a la perfección, de ahí que también acusara al duque de San Pedro de Galatino de ser el promotor de aquella reunión, algo que las malas lenguas atribuyeron a la enemistad personal entre el conde de Romanones y el Duque de San Pedro de Galatino. Además la presencia del rey en la casa del duque provocaba los celos del primer ministro, que también esgrimió el temor de un atentado al rey aprovechando sus desplazamientos a Láchar para las famosas cacerías. De una manera o de otra, lo cierto es que el rey dejó de visitar Láchar a partir de aquel día en el que las decisiones tomadas en la secreta reunión hubiesen podido cambiar la historia de España en el rumbo de Europa. Lo que sí cambió fue la situación del teniente Rogelio, ascendido, poco después a comandante por sus servicios a la patria. Un ascenso sospechoso, ¿no creen?